Asuntos de familia (1). Augusto había derrotado a Marco Antonio y conseguido el sueño de su tío Julio Cesar: convertir a Roma en el mayor imperio que había conocido La Tierra. Un imperio que gobernaba con mano firme y evidente éxito. Sin embargo, el bonachón pero iracundo emperador se veía incapaz de gobernar su propia casa. Los asuntos de famila, de su familia, le superaban.
Han pasado diez años de los sucesos narrados en el capítulo anterior. Agripa y Julia se casaron y tuvieron cinco hijos (tres varones y dos hembras). Livia se hartó de esperar que el viejo guerrero muriera y, como con Marcelo, le echó una mano en forma de veneno. Luego obligó a Tiberio a divorciarse de Vipsania (Sheila Ruskin) para casarse con la de nuevo viuda Julia. En ese punto de la narración, con las cosas de nuevo tal y como quería Livia, arranca un capítulo que nos presenta cuatro nuevos miembros de la disfuncional familia Julia: Lucio (Russell Lewis), Cayo (Earl Rhodes), Druso (Ian Ogilvy) y Antonia (Margaret Tyzack).
Lucio y Cayo son los dos hijos mayores de Julia y Agripa, que, cuando Agripa muere, son adoptados por Augusto y nombrados sus herederos (algo que, obviamente, a Livia no le hace mucha gracia). Druso y Antonia son los padres de Claudio. Ella es la ingenua hija de Marco Antonio (aunque esto realmente nunca es comentado en la serie), él es el hermano menor de Tiberio e hijo pequeño de Livia. En contraposición a su taciturno hermano, del que ha heredado el mando de las tropas en Germania, Druso es abierto, alegre, positivo y abiertamente republicano. A diferencia de para con Tiberio, Livia no quiere en absoluto a Druso sino que lo odia y lo desprecia, llegando a retirarle la cara cuando este la quiere besar antes de volver al campo de batalla. A pesar de esto Druso la quiere y no permite que, ni siquiera Tiberio, hable mal de ella.
Druso escribe a Tiberio desde Germania hablándole abiertamente de sus deseos de que su padrastro Augusto entregue el poder al Senado y vuelva La República. El correo llega cuando Tiberio está reunido con Augusto y Livia (el primero le está echando la bronca por haber sido visto en compañía de su ex-mujer Vipsania, de la que todavía está enamorado). La carta es leida en público. Augusto queda desolado y pensativo sobre si hay algo de verdad en lo que afirma Druso y lo mejor para Roma sería La República. Livia habla de traición a pesar de tratarse de su propio hijo. Tiberio calma los ánimos: Druso sufre una herida en la cabeza, son los delirios los que hablan por él. Livia manda a su médico para atenderle… pero lo que podría parecer una oferta generosa, nosotros sabemos que puede terminar con Druso muerto en poco tiempo.
Y no nos equivocamos: Druso muere al poco con un recién nacido Claudio en brazos y con su hermano a su lado. Uno de los focos de rebelión ha sido elimanado pero todavía queda otro muy peligroso para los intereses de Livia: el propio Augusto, cada vez más dudoso de perpetuar el Imperio. Como Livia no puede deshacerse de él mientras Tiberio no sea el sucesor decide tirar por la dirección contraria: convertir a Augusto en Dios y practicamente obligarle a continuar con el Imperio. Para ello emplea sus malas artes y parte de su patrimonio para convencer al Senado que permita la construcción de un templo en honor a Augusto Dios en Siria. A Augusto no le queda más que sobrellevar la decisión (en una fantástica escena donde el gran Brian Blessed da un auténtico recital) y Livia parece que se vuelve a salir con la suya… aunque no cuenta con Tiberio.
Desde la muerte de su hermano, Tiberio se ha vuelto todavía más introvertido y su odio hacia Julia ha crecido hasta convertirse en asco. En una discusión, la enésima, Julia le ataca con su presunta homosexualidad (que en aquellos tiempos era como la de Tom Cruise: todo el mundo lo sospechaba y bromeaba sobre ella pero nunca se pudo probar) y Tiberio responde con una contundente bofetada. Augusto, muy enojado, decide expulsar a Tiberio de Roma y mandarlo a alguna legión… sin embargo no sabemos si Augusto cumple su amenaza o Livia volverá a intervenir en favor de su hijo para que no sea desterrado ya que Claudio es interrumpido por su mayordomo, que le lleva la cena.
Este mayordomo es realmente hilarante. Ejerce de catador (Claudio piensa que su cuarta esposa, Agripina, y su hijo Nerón tratan de asesinarle) y trata a Claudio más como un viejo senil que como al emperador de Roma. Claudio rechaza la comida, se llena bien la jarra de vino previamente catado y se dispone a seguir con su historia… aunque para ello tendremos que esperar dos semanas, hasta la llegada del próximo capítulo: Esperando entre bastidores.
(1) Nota del autor: en su versión original este capítulo y el anterior, Un toque de asesinato, formaban parte de un sólo episodio doble. Para su pase por la PBS americana se separó en dos y así llegó al resto de paises y se editó en diferentes formatos domésticos. Es esta la razón de que la versión estrenada en Inglaterra conste de doce capítulos y aquí se vayan a repasar trece. En mi modesta opinión fue una decisión bastante acertada porque la visión conjunta de los dos capítulos proporciona tal cantidad de información que puede llegar a resultar ciertamente abrumadora.







